Mi spiego con le mie parole;

No se lo cuentes a nadie,
pero llevo un tiempo queriendo escribirlo, escribirle más bien.

No se lo cuentes a nadie,
pero llevo la cuenta de los lunares de su espalda
y de las veces que tiene que sonar la alarma para que se despierte por la mañana,
cuenta de los kilómetros que nos separan, a veces, de los centímetros.
Llevo la cuenta de la cantidad de veces que quiero decirle que le quiero
y de la cantidad de veces que se lo he dicho.

No se lo cuentes a nadie,
pero a veces no quiero pestañear por si se ha ido cuando abra los ojos
y otras veces no quiero levantarme de la cama porque le tengo al lado y no quiero salir de ahí,
otras veces, las que no está, quiero que vuele el tiempo
y salgo corriendo si sé que es para verle.

No se lo cuentes a nadie,
pero me gusta que a ratos seamos amigos
y a ratos algo más
y además le he cogido gusto a eso de llorar y que haya una mano que te seque la cara
y alguien que te de un beso en la frente.

No se lo cuentes a nadie,
pero tenemos más que mil secretos gritados al viento
y seguimos en ese banco de ese parque en el cuál
estamos sólo él y yo.

No se lo cuentes a nadie,
pero no ha habido quién jamás me haya abrazado, mirado o besado así;
de esa forma en la que solamente lo puede hacer una persona,
de esa forma en la que sólo huele una persona,
de esa forma en la que te hace sentir una persona.

No se lo cuentes a nadie,
pero no hay día que no le quiera,
ni día en el que le quiera más, ni que él me quiera menos.
No tira mal ninguna cerveza ni lía mal un cigarro,
no impulsa y no frena,
no hay día que esté cuerdo ni peleas en las que no se vuelva loco.

No se lo cuentes a nadie,
pero tiene alegría en los ojos
y te contagia con ella.
Él te agarra la mano y te hace andar,
a veces te fuerza, a veces le cuesta,
¿Quién puede decir que nunca se haya cansado de querer tanto
y no haya preferido querer bien?

No se lo cuentes a nadie,
pero le pido que sueñe bonito todas las noches
que ya me encargo yo de que el día ya lo sea,
incluso a veces le pido que sueñe conmigo
por no pasar tanto tiempo sin vernos.

No le cuentes a nadie
que sé que me miente a veces
y que otras tantas es sincero,
que aunque no lo diga, él también tiene miedo,
que por las mañanas me abraza muy fuerte
y por las noches se acurruca a mi lado.
Que siempre me quiere como nunca
y que nunca me quiere como siempre,
que él no escribe, tampoco hace,
que hay semanas que se agobia
y meses que se relaja.

No le cuentes a nadie,
que le veo a veces mirarme de reojo
o que muchos días me enfada a propósito,
que hay momentos que no puede más
y que no para de luchar por pura cabezonería.

No le cuentes a nadie
que aún seguimos aquí hoy,
que tenemos oídos sordos
y corazón ciego
y que somos felices sin mirar al resto.

No le cuentes a nadie que le he escrito.
Después de todo, hay aún muchas cosas que nadie sabe.



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